Demonios internos


El color de aquellos ojos  no era como el de otros tantos que había visto tiempo atrás, era  un tono tan limpio y cristalino que no podía pertenecer a este mundo terrenal. No pasaron  más que unos cuantos segundos para que mis manos comenzaran a temblar, mis dedos tocaban su piel y hacían contacto con algo más allá de su cuerpo, era tan cálido que fácilmente podía confundirlo con el calor de su ser.

En algún momento mi cuerpo dejó de responder, era como si el auto- control que estuve llevando toda la noche de pronto simplemente se esfumara, la cama comenzó a quemar pero  yo me sentía cada vez más cómodo, luchaba por detener esos impulsos que venían con mi condición natural, que pérdida de tiempo,  era imposible.

La excitación por sentir más de ese calor emitido por su cuerpo  me desesperaba y hacía explotar mi mente en un deseo de poseer lo que le daba vida con la esperanza de sentirme vivo.

Lo más sencillo para mi pudo ser tomar a la fuerza esa vitalidad, nada que antes no hubiera hecho, entonces ahora tendría sentido porque mis pezuñas comenzaban lentamente a desgarrar ese cuerpo que poco a poco se volvía más gélido, el que hace unos minutos era un cuerpo cálido  ya no lo era más.  Ahora todo encajaba perfecto y entre mis lágrimas de felicidad al fin reconocía esa cara que se reflejaba a través de sus ojos perdidos,  blancos;  sin vitalidad. ¡Esa era mi verdadera cara! que aunque no fuera un rostro humano obtenía más vitalidad con cada rasguño que le hacía a su cuerpo postrado en la cama.

Mientras el silencio de la noche apagaba cada vez más su existencia más vivo me hacía sentir a mí, podrían verlo mal, pero los de mi especie sobrevivimos de esta manera; a decir verdad, es algo exquisito saborear  el dolor humano, devorar sus miedos y deglutir sus esperanzas muertas…

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